Cómo identificar la malnutrición en los mayores

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Cómo identificar la malnutrición en los mayores

La malnutrición es uno de los principales problemas de salud pública, especialmente en el grupo de población de la tercera edad. Esto está provocado por un desequilibrio entre el consumo y las necesidades de nutrientes de cada persona.

Desde Montesalud centro de mayores en las Rozas,conocemos la importancia que supone la  malnutrición en la calidad de vida de nuestros mayores. Por ello, es importante realizar una valoración del estado nutricional para determinar la ingesta dietética a las necesidades energéticas o nutricionales de cada persona y evitar el riesgo de malnutrición realizando una intervención nutricional e individualizada.

Existen varios factores de riesgo de desnutrición que varían según el entorno en el que reside la persona mayor:

• Problemas económicos y aislamiento

• Mal estado de salud (problemas digestivos, dentales o pérdida de apetito) e incapacidad física o psíquica grave

• Dificultades de acceso a la comida o prácticas dietéticas erróneas

• Deterioro cognitivo y/o funcional y enfermedades agudas

• Polimedicación

Además, a medida que pasan los años, los adultos mayores sufren cambios en el aparato digestivo, que pueden contribuir a la malnutrición y aumentar la morbimortalidad.

Existen diferentes señales para identificar problemas alimenticios en los mayores, como los defectos de masticación, la falta de piezas dentales, una menor salivación, alteración de los reflejos deglutorios así como el enlentecimiento en la motilidad intestinal (estreñimiento).

Pruebas de cribado y estado nutricional

El riesgo de malnutrición en los mayores se asocia a un mayor riesgo de enfermar, existen diferente pruebas de valoración nutricional consistentes en identificar las posibles causas, las consecuencias y el tratamiento más adecuado a cada situación.

Se han desarrollado distintos test de cribado nutricional que se realizan en poco tiempo y que sirven para detectar y actuar de forma correcta. Aparte de ellas, unas sencillas pruebas facilitan saber la calidad de vida del mayor. Los principales parámetros del estado nutricional son:

• Exploración física: color de piel, cabello, ojos y estado neurológico

• Peso: una pérdida superior al 10% en 6 meses es un factor predictivo de grave riesgo en los ancianos.

• Talla: se disminuye entre uno y dos centímetros por década debido a los cambios fisiológicos de la edad

• Índice de masa corporal: valores bajos de IMC se relacionan con alteraciones respiratorias como enfermedad pulmonar, cáncer de pulmón o tuberculosis, entre otros

• Pliegues cutáneos: sirven para determinar la grasa corporal total. Cuando se está por debajo de los valores antropométricos de referencia se considera desnutrición

• Indicadores bioquímicos e inmunológicos: el recuento de linfocitos es una prueba sencilla y fiable como son los valores bajos de transferrina se asocian a un peor estado funcional,  de calidad de vida y mayor mortalidad

Planificación de dietas

El riesgo de malnutrición en los ancianos puede suplirse planificando una dieta que se adapte al adulto mayor. Lo primero que debe tenerse en cuenta son las características físicas y calidad de vida de la persona a quien va dirigida.

En todos los casos el objetivo es alcanzar un balance energético saludable, aportando todos los nutrientes que necesita cada persona. Para conseguirlo se recomienda realizar entre tres y cinco comidas diarias, variadas y, sobre todo, equilibradas donde la ingesta de agua sea de vital importancia.

En general, el 10% de la energía debe obtenerse a partir de las proteínas, el 55-60% en los hidratos de carbono, y el 30-35% en las grasas.

El reparto óptimo de esa energía, si se reparten en cinco comidas, es del 15% en el desayuno, el 10% a media mañana, el 35% en la comida, el 15% para la merienda y el 25% en la cena. En todo caso, la dieta debe adaptarse a las necesidades individuales.